Esperanza Andrade – Senadora de la República

Me alegra muchísimo por Colombia y las 600 mil familias que viven directa o indirectamente del cultivo -y tanto han sufrido recién por la pobre rentabilidad- los buenos precios del café alcanzados en los mercados internacional y nacional. Un valor por encima de los 2 dólares por libra y más de $1.900.000 de pesos la carga es una ‘rica’ y alentadora noticia en la crisis por la pandemia. Millonarios recursos aumentarán el consumo de productos, bienes y servicios, empujando la reactivación productiva, ojalá de manera inmediata y eficaz.

Y es que más allá de hablar de una bonanza, nuestra caficultura debe aprovechar los precios altos, que analistas opinan se sostendrán un buen tiempo, para dar la mejor destinación posible a la especial coyuntura. “Hay que guardar en las épocas de ‘vacas gordas’, ahorrar, para…” dice el viejo refrán. Más, cuando los antecedentes en el propio cultivo y en otras buenas épocas de sectores de nuestra economía no son los mejores ni mucho menos bien aprovechadas, qué pesar.

Pero no es tiempo de llorar. Hay que actuar, pero, ojo, con cautela. De la mano, unidos por una buena causa, Gobierno, la Federación de Cafeteros, los comités locales y los mismos caficultores. Trabajar en ampliar el área cultivada a un millón de hectáreas, que hoy se estima en 850 mil, con el objetivo de una producción anual de 18 o 20 millones de sacos. En la actualidad se ha estabilizado en alrededor de 14 millones.

Continuar la renovación de cafetales que por los años se vuelven muy improductivos y expuestos a las enfermedades; retomar los programas de renovación –por siembra y soca–introduciendo un componente adicional para incentivar los sombríos, que hacen palos con más resistencia a las variaciones climáticas.

Seguir sembrando con estándares de sostenibilidad ambiental y social tratándose de una bebida cada día más apetecida en el mundo moderno, preocupado por lo que consume sea de calidad. Por eso, se debe redoblar la promoción de marca y denominación de origen del ‘suave’ colombiano. También, incentivar el consumo interno del grano más excelso.

Hay que fortalecer el Fondo de Estabilización, que responda o amortigüe el regreso de las ‘vacas flacas’, que tarde o temprano volverán. No es prudente que todo el mayor ingreso pase al gasto inmediato, en detrimento de estabilizar el precio interno cuando la tendencia cambie. Trabajar para que los costos de los fertilizantes no desborden la sostenibilidad de la actividad.

Y los caficultores, especialmente hombres no despilfarren la cosecha en cantinas o bolsillos mañosos. Aprovechen para ahorrar, mejorar la calidad de vida de las familias e invertir en las fincas.

Lo digo con esperanza y optimismo, aprovechemos la especial circunstancia con la que Dios nos bendice para dar buen y correcto uso a la plata; invirtamos en todas las regiones cafeteras e irriguemos recursos a la necesitada economía nacional, no sea que pasado mañana estemos obligados a tomar un café ‘amargo’ y muy, muy, ‘caro’. 

Esperanza Andrade Serrano
Senadora de la República y vocera del Partido Conservador

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