Esperanza Andrade – Senadora de la República

Con gran sorpresa el país viene siendo informado por líderes de las desaparecidas Farc de la responsabilidad en el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado y que darían su versión ante la Justicia Especial para la Paz de cómo sucedieron los hechos, hace 25 años, imagínese usted. La declaración implica un inmenso reto para varias instituciones porque durante todo este tiempo la ex guerrilla jamás fue señalada de responsable del crimen. Y tampoco la evidencia recogida las señala.

De ahí que son muchas las dudas que deja la supuesta autoría. En consecuencia, necesariamente debe ser motivo de amplia investigación y contrastación judicial por la justicia ordinaria y la JEP, que no puede tener prevalencia automática. Dos procesos distintos sobre el mismo homicidio.

La presunción que estima la Fiscalía es que detrás del asesinato hubo un complot macabro entre narcotraficantes del Valle y políticos complacientes, con la participación o ayuda soterrada de algunos miembros de la Fuerza Pública

Mientras, corresponde a la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad de la JEP verificar que la confesión de los ex subversivos es real y cierta, soportando tiempo, modo y lugar del asesinato, que despejen por completo cualquier duda.

Nuestro reclamo y clamor es que no puede quedar impune la muerte de uno de los más grandes pensadores del Partido Conservador. Los líderes de la ex guerrilla saben perfectamente que si no aportan toda la verdad se les excluirá del Sistema de Justicia Transicional, perderán los beneficios del acuerdo de paz y tendrán que cumplir toda la pena que imponga la justicia ordinaria. Como en cualquier caso judicial, quien diga mentiras u obstruya hacer justicia, debe atenerse a las consecuencias.

Pero, ajeno al respeto por el debido proceso y a las instituciones encargadas de hacer justicia, lo cierto es que la nueva revelación, con personas interesadas, que llega de pronto como por arte de magia, genera suspicacias y no deja de parecer un manto de distracción para esconder la realidad de lo ocurrido y tapar a los victimarios. No se trata de ex culpar a la antigua organización armada que busca que el caso pase a la JEP, sino de evitar que ésta sea utilizada de fortín de ilegalidad.

La única verdad sincera que merece el país, la memoria del gran hombre visionario, los familiares y copartidarios es que de una vez por todas conozcamos los protagonistas, los culpables del cobarde magnicidio, sin más dilaciones ni triquiñuelas. Con fe y esperanza, rogamos así sea.

Esperanza Andrade
Senadora Partido Conservador